El Premio Nobel de la Paz es controversial por naturaleza. Dejando de lado la ironía de que el padre del galardón fue la misma persona que se enriqueció de la compra y producción de dinamita; la cuestión de la votación para determinar el mejor logro incuantificable del año tampoco es clara.
Los logros del galardonado suelen ser más caracterizados como una prédica, una mediación o “un esfuerzo hacia”, y este año no fue diferente.
La controversia en torno a la prematura concesión del premio al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, es sólo una en una larga lista: la omisión del premio a figuras como Mahatma Gandhi o a Juan Pablo II, o la concesión a Henry Kissinger y Le Duc Tho por sus negociaciones para el cese del fuego en Vietnam son sólo algunas.
Esta vez, la controversia en torno al nuevo laureado ayudó a realimentar los argumentos de sus detractores; pero es cierto que el nuevo representante de la paz está a la cabeza de un país que sigue muy lejos de fomentar un camino claro hacia la pacificación.
